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NUEVO LAGAR RUPESTRE LOCALIZADO EN MONTERREI

Arrancamos este año con la misma energía con la que despedimos el 2021.
Hoy el “Paadín Team” nos desplazamos hasta Monterrei, a escasos kilómetros de la frontera con Portugal para levantar acta de un nuevo Lagar Rupestre que nuestro admirado y amigo Xico descubrió recientemente.
Aprovechamos para charlar y aprender de una persona que es todo un referente de la viticultura en el territorio. Buen modo de empezar el año: pisando campo, recuperando historia y degustando vino.

RECORRIENDO LOS VIÑEDOS DE RIOJA, SOMONTANO Y MONTILLA-MORILES

Comenzamos un nuevo periplo y como siempre aprendiendo y en búsqueda de la “singularidad”.
1. DÍA
Y si hay algo con identidad propia es esta parcela de Grinuela que junto con El Ternero son dos viñas con demarcación geográfica en la provincia de Burgos (Castilla León) pero con uvas amparadas en la D.O. Ca. Rioja.
2. DÍA
Pocos paisajes vitícolas nos retrotraen siglos atrás. Estamos en Secastilla, donde se ha parado el tiempo y la vid se entremezcla con olivos, almendros, higueras, granados, etc. En suelos pobres, tapizados con guijarros glaciales, brota la garnacha tinta, la peluda, la roja, la blanca, la trepat, alcañón, la moscatel de secastilla, etc.
Todos conocemos los vinos del Somontano, no muchos han visitado sus viñedos y muy pocos han disfrutado de un enclave con tanto valor como el de Secastilla en las estribaciones del Somontano.
3. DÍA
Amanece en la Rioja flotando en globo y entre lusco y fusco despedimos el sol desde el Viñedo Singular “El Monte” donde maduran las uvas del vino El Tilo.
Un día intenso donde, entre otras, comimos uvas de Vitis Vinífera Sylvestris de la mano de Rafael Ocete, uno de los mayores expertos mundiales de estos fósiles vivientes, hermanos de las sativas. Final del día, principio del siguiente, en la casa museo de Rafa junto a su hijo Carlos y amigos. Una jornada intensa, llena de sensaciones que resultaron ser emociones.
4. DÍA
Continuamos visitando “Viñedos Singulares”.
Por la mañana en los de Santa Cruz, Senda las Damas y Matalobos en la Rioja Alavesa. Ya por la tarde en Los Corrales de la Rad en la Rioja Alta.
Para finalizar la jornada, una cata única de 34 vinos de estilos y orígenes con el director técnico del CR Pablo Franco y su compañero Pedro Salguero. Todo un espectáculo.
5. DÍA
Siguiente jornada en Rioja, museo de cerámica y vuelta a los orígenes con elaboraciones en barro y cata de vinos de maceración carbónica previos a la maloláctica.
Visita y degustación de vinos en las propias viñas de Viñedos Singulares de la Rioja Oriental (baja). Ya por la tarde de 17.00h a 22.00h visita a bodega y cata de tres botellas de blanco de 1964, y tintos de 1981, 2001 y 2011 con María José López de Heredia Montoya.
6. DÍA
Nos despedimos de Rioja visitando el 1º viñedo certificado por el Ministerio de Agricultura y Alimentación como “Viñedo Singular” y posterior visita al “vigneron” Abel Mendoza.
Han sido 6 intensas jornadas, en la que hemos paseado por viñas certificadas como “Viñedos Singulares”, algunas de ellas centenarias (mínimo 35 años), con diferentes composiciones de suelos, variedades, monopoles o de varios propietarios, hemos estado en la Rioja Alavesa, la Rioja Alta y la Rioja Oriental. Visitamos viticultores, pequeñas producciones, cooperativas, bodegas centenarias y otras recién estrenadas, bodegas con hotel y otras con museo, etc.. Vimos elaboraciones de lagares abiertos, en tinaja, depósitos de hormigón y acero inoxidable, barricas bordelesas y tinos inmensos o la tendencia de los novedosos huevos de plástico que oxigenan y no marcan, etc.. Después de todo esto y más de un centenar de vinos, podemos constatar que todos los “Vinos Singulares” son únicos y excelentes. Así que partiendo de uvas procedentes de “Viñedos Singulares” certificados, si se respeta la identidad de la viña, se producen excelentes “Vinos Singulares” todos ellos con identidad de origen, más que de estilo.
7. DÍA
Unos pocos días antes de arrancar de viaje nos llaman de Moriles para recordarnos la invitación que nos habían hecho para participar en las jornadas profesionales.
Ávidos de aprender y boqueando como mújoles de puerto, dejamos Rioja y enfilamos rumbo al origen de los finos y los amontillados. Comenzamos en las viñas de Moriles Superior, con la posterior cata de 36 elaborados dirigidos y acompañados por Cristóbal Luque, gerente de la Asociación de Bodegas, Lagares y Cooperativas y el concejal de turismo de Morile. Hicimos un recorrido por los Finos en Rama, Finos Pasados, los Medio Tapón, los Tinajas, los Conos, los Amontillados en Rama, etc.
Después, venencia en mano, fuimos saltando de bota en bota. Ya de noche, Córdoba, Patrimonio de la Humanidad.

CONOCIENDO OLTREPÒ PAVESE

En los últimos años tenemos por costumbre desplazarnos a diferentes regiones vitivinícolas del mundo en época de vendimia.
Nos permite hacer lo que haríamos en cualquier época del año pero también probar uvas y mostos así como ver la dinámica de trabajo en viñedo y en bodega. Este es un momento de gran tensión pero que también viene cargado de ilusión. Este año pasamos una semana en la milenaria región vitivinícola lombarda de Oltrepò Pavese. Durante varios días visitamos 6 bodegas de perfiles distintos y catamos decenas de vinos.
PINOT NERO
Empezamos de la mejor forma posible este tour al que hemos sido invitados 8 periodistas europeos (Dinamarca, Polonia, Portugal, Alemania… y Alejandro Paadín de España). Durante 4 horas pude charlar con una veintena de productores locales y catar más de 60 vinos en una degustación en la majestuosa Tenuta Pegazzera de Casteggio.
Aunque son muchas las variedades de uva y los estilos de vinificación que hay en la zona, y que descubrimos estos días, en este evento nos centramos en el Pinot Nero, del que Oltrepò Pavese es sin duda uno de los mejores exponentes de toda Italia. Tanto en vinos tranquilos (DOC Pinot nero dell’Oltrepò Pavese) como en espumosos (DOCG Oltrepò Pavese Metodo Clasico) podemos encontrar perfiles muy dispares, algunos con cotas de calidad muy altas.
Si bien en el caso de los espumosos tienen claro que la crianza es un pilar fundamental para alcanzar la distinción (aunque el mínimo son 15 meses, la mayoría están en 20-30 y algunos ejemplos que pude catar alcanzan los 13 años de rima), en los tintos son menos comunes los ejemplos con largos envejecimientos.
La gran mayoría de los tintos de Pinot que pude probar tenían un gran equilibrio, con una maduración fenólica óptima, con buena acidez y estructura. Sin duda el territorio es propicio a la variedad y la selección clonal durante generaciones ha sido muy prolífica. En las versiones más jóvenes hay una preponderancia frutal (a veces con marcada presencia de maceración carbónica), mientras que aquellos que han tenido un ligero paso por barrica y años de trabajo en botella, sacan los perfiles más elegantes y complejos del territorio.
UN MUNDO DE ESTILOS
Cada día que pasaba en la región, descubría que existen muchos Oltrepò Pavese y no sólo por las distintas DOC y DOCG, sino porque hay dos perfiles productivos claramente diferenciados.
En 1895 Federico Martinotti diseñó y patentó en Asti la refermentación controlada en grandes depósitos, que sería perfeccionado 15 años más tarde por el francés Charmat. Esta tecnología del autoclave, permite no sólo refermentar los vinos de forma más económica y controlada que en las botellas, sino que también sirve para conservar parte del carbónico generado durante la primera fermentación alcohólica. El resultado son vinos técnicamente limpios, homogéneos y más económicos.
Probablemente el origen piamontés de esta elaboración ha marcado el estilo de los vinos de la región lombarda en el último siglo, ya que la gran mayoría de los vinos de la DOC Bonarda dell’Oltrepò Pavese y de la DOC Sangue di Giuda dell’Oltrepò Pavese (ambos tintos) tienden a ser frizzantes y con algo de azúcar residual. Son fáciles y para el consumo inmediato pero claramente genuinos.
Sin embargo, estos vinos tan desenfadados, conviven con otros como los Pinot Nero o los espumosos de segunda fermentación en botella. En ambos casos he podido encontrar ejemplos de talla internacional como los que elabora el genuino Luca Bellani en Ca’ di Frara. Sus Pinot Nero de distintos “Crus” son un claro ejemplo de la identificación y valorización del terroir. Mientras su Mornico tiene un perfil fresco, especiado y, según la añada, algo vegetal, el cru Losana tiene un cariz más maduro y estructurado (recuerda más al estilo que podemos encontrar en los Pinot de Oregón).
Otras bodegas trabajan una filosofía similar vinificando independientemente aquellas parcelas con una identidad propia como hace Travaglino con el poggio Buttinera.
Dentro de los vinos secos también podemos encontrar (buscando mucho eso sí) algunos Croatina y Barbera interesantes y en el caso de los blancos, la Riesling y la Pinot Grigio son las más hegemónicas.
CATANDO SUS UVAS
Durante todos esos días tuve la oportunidad (además de probar los vinos), de catar distintas uvas en varios viñedos y bodegas como la Barbera, la Croatina, la Pinot Gris o la Uva Rara.
Una de las catas que más me llamó la atención la hicimos en el corazón del Buttafuoco, desde una de sus imponentes colinas (con pendientes de un 45-50%) donde se tiene una perspectiva de casi todo Oltrepò Pavese, llegando a divisar la frontera con Piamonte y vislumbrando la de Emilia-Romagna.
La loma con orientación oeste la reservan para elaborar el “Buttafuoco Storico”. Este término está regulado por el Consorzio (privado) “Club del Buttafuoco Storico”, al que pertenecen 16 bodegas de Buttafuoco dell’Oltrepò Pavese DOC. Dentro de su reglamentación particular, incluyen los porcentajes exigibles para cada una de las variedades, su crianza, embotellado… Pero sin duda la norma que más me llama la atención es la obligatoriedad de que el porcentaje de cada una de las uvas (Barbera, Croatina, Uva Rara y Ughetta) esté definido en el viñedo, debiendo las uvas de fermentar y de ser vendimiadas conjuntamente (en su día ya hablé de esta práctica ancestral vinculada a tradicionales territorios vitivinícolas).
Esto supone que variedades con un ciclo algo más corto como la Barbera (en este caso estaba plantada en la parte baja de la colina), sean vendimiadas a la vez con variedades con un ciclo más largo como la Uva Rara. Para evitar verdores, el patrón de vendimia viene definido por la variedad más tardía, por lo que es habitual que las uvas más precoces sobremaduren, aumentando el grado alcohólico potencial del mosto y aportando notas licorosas al vino. Como resultado tenemos vinos potentes, con taninos muy polimerizados, amplios rangos aromáticos (montebajo, licores, sotobosque, especiados, mermeladas…) pero con muy buena acidez y un potencial de guarda enorme.
Esto que cuento sobre el papel queda mejor explicado en la primera imagen, en la que tomé dos racimos de la misma caja recién vendimiados. A la izquierda un racimo de Croatina y a la derecha uno de Uva Rara. Quién diría que son de la misma especie…
Tanto el nombre del vino como la iconografía del Buttafuoco Storico también tienen su miga, pero esa queda para otra ocasión.

LAS VITIS SILVESTRES DE ESPAÑA Y EL ORIGEN DEL VINO

Hace unas semanas nos desplazábamos hasta la playa de Gulpiyuri para ver el estado vegetal de algunas de las cepas de Vitis Viníferas Sylvestris que todavía habitan la zona.
Para informarnos un poco más sobre ellas y su vinculación directa con la domesticación de las Vitis en la Península Ibérica, no pudimos dejar de llamar a nuestro amigo (y mayor experto en la materia) Rafael Ocete. A su vez nos derivó a Loli Loureiro, con quién está a punto de publicar un artículo científico en el que desgranan el número de poblaciones, sexo y otras características de las Vitis Viníferas Sylvestris de Asturias.

La arqueología del vino históricamente ha vinculado el origen de la vitivinicultura en el triángulo caucásico de Georgia, Irán y Armenia. Restos cerámicos, pepitas, polen, ácido tartárico, ácido succínico… muchas son las pruebas explícitas o circunstanciales que vinculan un territorio a la producción vitivinícola. Pero con las nuevas herramientas de trazabilidad genética desarrolladas a finales del siglo XX y perfeccionadas durante el siglo XXI, empieza a coger fuerza una línea de trabajo que da una nueva perspectiva histórica: la arqueología genética.

Resulta que dentro de las células vegetales de la vid, existen distintas cadenas de ADN. Habitualmente se estudia el ADN del núcleo para encontrar parentescos entre las distintas variedades, pero es que también hay ADN mitocondrial y ADN cloroplástico. Siendo la vid uno de los seres vivos con mayor capacidad de adaptación, el ADN del núcleo muta con relativa facilidad, sin embargo el del Cloroplasto lo hace 8 veces más lento. Esto ha permitido desarrollar marcadores genéticos que agrupan a todas las Vitis Viníferas en 8 familias distintas. De esas 8 familias, 4 no llegan a suponer un 5% de todas las Vitis Viníferas, por lo que habitualmente ni se tienen en cuenta.
En resumen podemos decir que el 95% de las Vitis Viníferas se agrupan en las 4 “familias” de Clorotipos: A, B, C y D. Recordemos a su vez, que dentro de las Vitis Viníferas tenemos dos subespecies: Sativa (con la que se elabora el vino y habitualmente hermafroditas) y Sylvestris (las originales dioicas a partir de las cuales se domesticaron las variedades que tenemos hoy en día).
Pues bien, de las 4 familias de Clorotipos, el Clorotipo A se encuentra en prácticamente el 100% de las Vitis Sylvestris Ibéricas y en el 75% de las Vitis Sativas Ibéricas, mientras que no se encuentra en el Cáucaso. Teniendo en cuenta que el Clorotipo y el hermafroditismo se heredan a través genes recesivos por parte de la “madre”, podemos hablar con bastante certeza de una domesticación paralela de la vid en la Península Ibérica.
Y parte de este material histórico y genético a día de hoy sigue disperso por nuestro país. De forma discreta y casi anónima, algunas Vitis Viníferas Sylvestris sobreviven en zonas barrancosas y/o próximas a ecosistemas acuáticos, como es el caso de las cepas en la genuina Playa de Gulpiyuri.
Es un patrimonio genético e histórico que cada día se va perdiendo y que es un pilar fundamental de nuestra tradición vitivinícola. Igual no tiene tanto glamour como un “château”, pero explica muchas cosas.

VISITA A BIZKAIKO TXAKOLINA

Nada mejor para comenzar nuestro periplo por el País Vasco que hacerlo desde Vitoria-Gasteiz de la mano de Luis Etxebarria, quien dirige desde 2004 el programa Enogastronómico El Txoko del Sibarita. El marco elegido fue el colmado-taberna O Carallo, con más de 800 productos gourmet de Galicia (desde pulpo certificado de Lira, huevos de Galiña Piñeira, vinos de todas las DD.OO. e IGP…) y que regenta el proactivo hostelero Clemente Maldivo. Esa misma noche, nos invitó a participar de una “xuntanza” con una docena de periodistas e influencers. Galicia por el mundo.
Posteriormente, tuvimos una mañana de disfrute en Bodegas Itsasmendi, un emblema de los Txakolís vascos y que aporta su punto de vista a un territorio que lleva siglos desarrollando una identidad vitivinícola propia.
Esta agrupación de viticultores capitana por el carismático e inquieto Garikoitz Ríos, no ha parado de innovar en los más de 25 años de historia de la bodega.
Enclavada en el corazón de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, los Bizkaiko Txakolina de Itsasmendi exploran al máximo todas las potencialidades de las tradicionales variedades Hondarrabi: desde los clásicos blancos secos, hasta maceraciones carbónicas, pasando por largas crianzas en tinajas o vendimias tardías.
Su interpretación del Txakolí y la interacción que éste tiene con el entorno y la cultura vasca hace que valga mucho la pena invertir todo un día en la bodega, sus viñedos y su equipo.
Hace años que venimos siguiendo la evolución de los Txakolís vascos. Sin duda su calidad actual es irrefutable y su futuro pinta brillante.