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LOS VIÑEDOS FLOTANTES DE TAILANDIA

No podíamos irnos de Tailandia sin conocer mejor sus vinos, bodegas y viticultura. Tras estos días en Tailandia, dejamos unas breves trazas de esta región tan particular, sobre todo de los extravagantes y únicos “floating vineyards”.

Tras catar algunos de los vinos que Siam Winery produce al suroeste de Bangkok y tras charlar con parte de su equipo técnico, hemos podido entender mejor su viticultura en un clima tropical. El trabajo de campo es similar al de otras regiones como Nashik en India. Inhiben la segunda brotación (septiembre-noviembre) con una primera poda larga (probablemente más parecido a una prepoda), luego una poda corta y posteriormente el uso de Dormex, para así poder tener una única cosecha anual de mayor calidad. Los vinos de entrada de gama son fáciles, con azúcares residuales de hasta 10-12 gramos y los envejecidos secos mucho más interesantes pero también acidificados con tartárico por imperativo natural. Hay que recordar que es una región de viticultura extrema.

Pero si hay algo realmente genuino que descubrir en la viticultura local, eso son los “Floating Vineyards”. Plantaciones de viñedos entre canales de agua únicos en el mundo (al menos nosotros no he visto nunca nada igual). Estos viñedos dan tres cosechas anuales y su fruto se destina a la elaboración de mosto, uva de mesa y vino. Lo curioso de estos viñedos es que se replantan cada 3 años y su ubicación va cambiando dependiendo de las plagas y de la recuperación del suelo, así donde hoy hay viñedo, en dos años podría haber mangos y viceversa. Las plantaciones del entorno (bananos, cocos, mangos…) usan exactamente el mismo sistema de plantación, habiendo en total unas 1.000 ha de granjas dedicadas a la fruticultura local.

Una vez plantadas las nuevas viñas, en 8 meses ya hacen la primera vendimia, siendo imprescindible el uso de pequeñas barcas para desplazarse por los canales. En dichos canales (de muy poca profundidad) se crían peces que verifican la calidad del agua; si los peces mueren, hay problemas.

El viticultor (que un año se dedica a la uva y otro puede que a la banana), vende la uva a una granja que a su vez la vende a la bodega, por lo que la localización de estos particulares viñedos suele ser complicada (damos fe) ya que su ubicación además varía mucho.

Cabe decir que estos viñedos localizados al noroeste de la provincia de Samut Sakhon (a unos 60 km al oeste de Bangkok) son una rara avis no sólo en el mundo sino también en Tailandia. En el país gran parte de los viñedos se encuentra en la provincia de Nakhon Ratchasima (al noreste de la capital), pero su viticultura es más tradicional, dentro de lo que es una región tropical claro.

LA GUÍA DE VINOS DE GALICIA Y LOS LAGARES RUPESTRES VIAJAN HASTA PERÚ

Durante tres días, un grupo de prescriptores peruanos han visitado Galicia y les hemos acompañado para mostrarles la diversidad de cada territorio.

Cuando nos llamaron y pidieron que les echásemos una mano en la organización de su ruta por Galicia, no pudimos resistir la tentación de acompañarles y explicarles pormenorizadamente las características de todas las Denominaciones de Origen vitivinícolas gallegas. Días intensos de bodegas, viñedos y catas, muchas catas para mostrar la diversidad de cada terroir, variedad y tradición.

Así, hemos tenido el privilegio de enseñar y de aprender de mano de Soledad Marroquín, consejera editorial y redactora de la revista Sommelier (una revista que lleva años siendo la vanguardia de la prensa del vino en Perú) y de Katty Tito, hotelera de Perú y empresaria del agua mineral. Pero también nos acompañaron los prestigiosos sumilleres y amigos Joseph Ruiz Acosta (tres veces mejor sumiller de Perú y entre los 50 mejores del mundo, asesora a restaurantes e importadores) y Helbert Reyna sumiller del restaurante Central de Lima, el cual ostenta el reconocimiento como segundo mejor restaurante de Sudamérica y el sexto mejor del mundo por la lista Restaurant.

Por supuesto, no hemos dejado pasar la ocasión para mostrarles los Lagares Rupestres de Galicia y explicarles cómo la entrada de la vitivinicultura cambió para siempre el paisaje de nuestra tierra.

LOS PAADÍN EN EL CONCOURS MONDIAL DE BRUXELLES: SUIZA

Un año más hemos acudido a uno de los concursos de vinos más prestigiosos del mundo: Concours Mondial de Bruxelles.

Durante 5 días, una congregación de 340 prestigiosos catadores de más de 50 países nos hemos reunido en Aigle para catar más de 9.000 vinos en tres sesiones de cata. Cifras apabullantes que fortalecen el mito de este concurso como uno de los referentes mundiales.

Pero además de estas intensas sesiones de cata, hemos podido conocer a fondo la Suiza más vitivinícola visitando 3 de sus grandes regiones productivas: Vaud, Trois-Lacs y Valais. Entre los más de 70 vinos suizos que probamos estos días, pudimos conocer los elaborados en Neuchâtel (Trois-Lacs) con sus tradicionales Chasselas Non Filtré, Chardonnay y Oeil-de-Perdrix de Pinot Noir, pero también versiones inusuales de Chasselas, Chardonnay, Pinot Noir, Pinot Gris, Gamaret y Garanoir. También aquellos de la AOC Chablais (Vaud), charlando con más de una decena de productores y probando más de 40 vinos entre los que se incluían Chasselas de las 5 regiones (Yvorne, Aigle, Ollon, Bex y Villeneuve), Viognier, Riesling, Pinot Gris, Pinot Noir, Gamaret, Gamay, Merlot y Cabernet Franc.

Muy instructivo probar la evolución en botella de la uva Chasselas a través de catas verticales desde 2011 hasta 1981 (quizás su apogeo actual se encuentra en la cota de los años 2000-2003), así como una cata comparativa con Chasselas de todo el mundo (Loire, Alsace, Baden, Oregon…)

Por supuesto no dejamos de recorrer los viñedos Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO de la AOC Lavaux (Vaud), AOC Dézaley Grand Cru (Vaud) y AOC Calamina Grand Cru (Vaud), sin dejar de visitar las bodegas de la región de Valais. Aunque en esta última la Fendant (Chasselas) y la Pinot Noir son las reinas, no se puede negar el paulatino auge de variedades locales como la Petite Arvine (Arvine), Païen, Cornalin o Humagne Rouge.

Sin duda estos días en Suiza son una oportunidad única ya que, con apenas un 1% de exportación, los vinos suizos son prácticamente una entelequia en los mercados internacionales.

Imposible no destacar también las ponencias de José Vouillamoz (genetista vitícola de referencia mundial) y de Olivier Viret (Jefe de división de la Protección del viñedo, viticultura y enología de Vaud).

PETRUS: CONOCIENDO LAS ENTRAÑAS DE UNA LEYENDA

Poder visitar la bodega de Petrus ya resulta imponente, pero catar en primicia la añada 2018 es algo excepcional. Gracias a su directora de exportación Elisabeth Jaubert, pudimos adentrarnos en esta mítica bodega y conocer a fondo un nombre tan importante en el mundo del vino como lo es el de Petrus.

Cuando te explican la composición edáfica, el sistema de poda, la selección masal, la orografía… entiendes todo lo demás. Es un mundo diferente, es una bodega inusual, más sobria y sencilla de lo que se podría imaginar.

Una de las cosas que más nos llamó la atención fueron 7 animales de peluche que “oteaban” la bodega. Cuando inauguraron el nuevo espacio de vinificación (2012), les regalaron un peluche como broma para “vigilarlos”. Desde entonces cada año incorporan un peluche que les regalan amigos de distintos países como amuleto de buena suerte. Fijándose bien en la foto, hay un toro pequeño que representa a nuestro país. Tienen una habitación llena de peluches esperando su añada para incorporarse a los “amuletos”, y ya sabemos que el del año que viene será un kiwi (ave) neozelandés.

Al vino aún le quedan unos meses de reposo en barricas bordelesas, pero la materia prima original es espectacular. La 2018 ha sido muy buena (sobre todo en comparación con la 2017, más afectada por las heladas). Llevan una tendencia de añadas cálidas por el cambio climático, pero con el conveniente trabajo en viña (menos deshojado, exhaustivo control de rendimientos, poda milimétrica…) sus 14,5° de alcohol son apenas imperceptibles. Esto es posible gracias, en parte, a un PH que no llega a 3,5 con una maduración fenólica y tánica inusual en la Merlot. Gran parte del secreto de esta armonía química y sensorial parte del suelo arcilloso (con arcilla azul en los estratos más profundos y gravas en superficie), su altitud (el promontorio más elevado de todo el entorno), unos rendimientos de 35 hectolitros/ha. y una selección masal de unas decenas de clones muy específicos.

En conclusión, un Petrus el del 2018 poderoso pero fresco y con una pureza casi divina.