PROMOCIONANDO Y DIVULGANDO LOS VINOS DE GALICIA EN PROWEIN
El mercado internacional del vino se está poniendo cuesta arriba. Y, aun así, seguir presentes fuera sigue siendo estructural: quizá ya no tanto para abrir nuevos mercados, sino para no perder los que tanto costó construir.
Aranceles, cierres de fronteras, aumento de los costes logísticos y mayor oferta global están erosionando nuestra competitividad en un contexto en el que, además, la demanda se contrae. Si hace quince años cada euro invertido en promoción exterior podía multiplicar por tres su retorno a corto plazo, hoy la incertidumbre domina el escenario.
Las bodegas lo notan. El sector lo nota. No solo en el ambiente, también en la cuenta de resultados. Y todo indica que, en los próximos meses, la presión sobre el mercado interno aumentará al convertirse este en refugio frente a la inestabilidad exterior.
Pero el mercado nacional tampoco atraviesa un momento fácil. Con un consumo de vino en descenso constante en España y en buena parte del mundo, persuadir al consumidor final vuelve a ser una prioridad estratégica. Toca comunicar mejor. Explicar más. Reivindicar el vino como cultura, como placer y, sobre todo, como un elemento de cohesión social. La salud no sólo es física sino también mental y el vino es uno de los catalizadores de relaciones sociales con efecto ansiolítico más antiguos que existen.
Hay que volver a conectar con el consumidor. Volver a seducirlo. Porque, de lo contrario, el futuro del sector será incierto.
Esta semana tocó estar en Prowein, en Düsseldorf, explicando los vinos gallegos y ayudando a importadores a encontrar, entre las bodegas presentes, las opciones más adecuadas para sus necesidades.
Y, entre feria y feria, también hubo tiempo para conversar con amigos y agentes relevantes del sector de distintos países, compartir impresiones y tomar el pulso real al momento que vive el vino.








