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ALMA CARRAOVEJAS EN EL AULA PAADÍN PARA MÁS DE 70 ASISTENTES

España cuenta con el mayor viñedo del mundo y con un tejido productivo de millares de bodegas y decenas de miles de viticultores. Si competir a nivel nacional puede ser difícil, hacerlo a nivel internacional se vuelve un trabajo que no acepta medias tintas.
Con la entrada de España en la UE en los 80 y la consecuente armonización legislativa, nos encontramos como país en una posición dominante en volumen. Mientras la legislación se estandarizaba con los parámetros europeos, los salarios siempre fueron a otro ritmo; ello sumado a un músculo productivo inigualable y a las ayudas a la tecnificación industrial y a un conocimiento enológico sin parangón, nos permitió entrar en el mercado común europeo con un precio del vino que hizo temblar la industria de grandes monstruos como Italia y Francia.
Con el nuevo yugo de España sobre ellos, ambos países vecinos desarrollaron una estrategia de potenciar el valor añadido y priorizar territorios por encima del volumen, abriendo en los 90 muchos mercados internacionales que hoy difícilmente pagan más de 100 euros por una botella que no sea francesa o italiana.
Desde hace unas décadas, el mismo patrón que sufrieron los países de la UE con nuestra entrada en los mercados internacionales, lo venimos sufriendo con la llegada de vinos del nuevo mundo a los mercados asiáticos y americanos. Vinos de Sudáfrica, Australia, Argentina, Chile y Nueva Zelanda dominan las cartas en los rangos bajos y medios, forzando a las marcas españolas a la baja (con márgenes asfixiantes) o al alza (rango dominado por Francia e Italia y donde Alemania y EEUU se están posicionando fuertemente).
Por ello es un auténtico disfrute profundizar en proyectos como Alma Carraovejas, donde el objetivo es posicionar la calidad en torno al potencial de cada territorio. Pocas veces encuentras una red de bodegas capaz de desarrollar identidades territoriales tan fuertes en espacios geográficos tan dispares y, aún así, mantener un alma común. Muchas gracias  Pedro Ruiz Aragoneses y Alma Carraovejas por hacer posible el encuentro como el de la semana pasada para 70 personas en nuestra Aula de Cata; marcáis el camino a seguir.

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