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EL VALLE ENCANTANDO DE NEGUEIRA DE MUÑIZ

Entrar en Negueira de Muñiz es hacerlo en otra dimensión. El trabajo enográfrico y etnográfico de la comarca va más allá de lo habitual, sobre todo teniendo en cuenta las latitudes: Viña, castaños, alcornoques, frutales, sobreiras, madroños… Su escarpada orografía, su particular climatología, su pedregoso suelo (básicamente pizarra fragmentada y arcilla) y su aislamiento comunicativo han servido como caldo de cultivo de una comarca paupérrimamente poblada, pero etnográficamente rica. Entre sus lomas destaca el descubrimiento de, al menos, 23 estructuras centenarias (certificadas catastralmente) con techumbres de lousas que hasta la década de los 60 del pasado siglo sirvieron como bodegas de vinificación y guarda de los vinos.

Su orientación puede llevar a la confusión ya que no es la mejor zona para la producción de uva (noreste), pero sí para la elaboración y conservación, de ahí su estratégica localización a espaldas de los viñedos sitos en la loma orientada al sudeste. La convivencia de estas edificaciones en pendientes de hasta el 90% con abelleiras (cierres de las colmenas de abejas para evitar las incursiones de inoportunos depredadores) y corripas (muros semicirculares en el exterior de las bodegas para la guarda de las castañas) hace de Sanzormar (Negueira de Muñiz) un auténtico centro de estudio etnográfico.

En menos de 100 metros de estas bodegas, pegada a un riachuelo, se encuentra la estructura destinada a la destilación comunal (de todas las bodegas del entorno) de los orujos obtenidos tras la fermentación alcohólica. Ayer fue la presentación de la recuperación y puesta en valor de este Patrimonio único.

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