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JUMILLA: PEPITAS DE UVA DE HACE 5.000 AÑOS

Para entender el origen de la viticultura en nuestro país, es importante contextualizar sus hitos históricos. Por eso este sábado estuvimos con Emiliano Hernández, antiguo director del Museo Arqueológico de Jumilla y coordinador de las excavaciones más importantes del territorio.
De su mano, visitamos puntos estratégicos en los que se dieron lugar algunos de los hallazgos más relevantes como pepitas de uva de hace 5.000 años o pendientes íberos de 2.400 años con ornamentos vitícolas.
El primer punto de visita fue el enclave de El Prado, donde se encontraron las primeras 4 pepitas en lo que hace 5.000 años fue un poblado de chozas próximo a una laguna endorreica ya extinta. Este hecho demuestra que la gente del calcolítico ya almacenaba y consumía uvas y, probablemente, vino. Queda mucho campo por investigar, empezando por el análisis químico de las vasijas desenterradas en El Prado (4 pepitas encontradas en 1980), La Cueva del Molar (12 pepitas encontradas) o la Rambla de la Alquería (7 pepitas encontradas).
Seguidamente subimos hasta Coímbra del Barranco Ancho cuyos asentamientos íberos se mantuvieron desde el siglo V hasta el II a.n.e.. Allí visitamos las estructuras funerarias en las que aparecieron dos pendientes con racimos de uvas pertenecientes a un guerrero íbero. Era habitual el uso de madera de vid para la incineración de los difuntos, lo que asegura una prolífica viticultura anterior a la dominación romana.
Finalmente, Emiliano nos guió por el fantástico Museo Arqueológico en el que se encuentran algunas de las joyas más importantes de la cultura íbera.
La historia del vino en España está por reescribirse.

LOS VIÑEDOS DE PARÍS Y LA REVOLUCIÓN FRANCESA

Hacía 4 años que no visitaba la capital francesa. La última vez escribí un ligero post sobre el viñedo de Montmartre y el desarrollo de su entorno bohemio a las afueras de París para esquivar los “droit d’entrée” (impuestos aduaneros) que suponían la mayor fuente de ingresos de la ciudad en el siglo XVIII y que a su vez asfixiaban a la población.
Hoy hablaré de otro de los más famosos viñedos parisinos: la Vigne de Bercy. Con apenas 350 cepas plantadas en 1996 (casi la mitad acaban de replantarse de nuevo), sus 660 m2 producen alrededor de 250 litros de vino principalmente de las variedades Sauvignon y Chardonnay. Su plantación pretende homenajear al que en su día fue uno de los mercados de vinos y licores más próspero del mundo.
Durante el siglo XVII, mucho antes de que la comuna de Bercy se anexionase a París en 1859, fue un punto estratégico para el comercio del vino, ya que su cercanía al río Sena facilitaba el transporte de las barricas y su localización fuera de los límites de la ciudad evitaba el gravamen del “droit d’entrée”. Esto le hizo crecer como uno de los grandes puntos comerciales del vino, negociándose las compraventas en la orilla del río y creando una estructura de bodegas y tabernas de lo más variopinta.

El “droit d’entrée” era la última tasa aduanera que los productos foráneos debían pagar para entrar en el suculento mercado parisino en el siglo XVIII. No era un gravamen nuevo, sino que el sistema llevaba casi 4 siglos funcionando y suponía la mayor fuente de ingresos de la ciudad.

En aquella época, el vino era más un alimento que un bien de lujo (excepto los más cotizados en la corte) y en intramuros su precio podía ser 3 veces mayor que en los pueblos aledaños. En paralelo a este sistema, poco a poco se fue creando una red de contrabando en la que el vino era uno de los artículos más jugosos. Los cientos de contrabandistas que operaban desde fuera de las murallas, a menudo usaban técnicas de lo más variopintas para mover la mercancía evitando el impuesto local: desde caseras catapultas hasta globos de aire caliente.
Pero sin duda el método más utilizado era el recorrido de galerías subterráneas que en su día fueron canteras para las construcciones civiles de la ciudad. Su estado de semiabandono así como su laberíntico y complejo recorrido, hacía imposible un control eficaz, por lo que contrabandistas, bandidos y ladrones encontraban en ellas perfectas aliadas en sus negociados.
En concreto las vastas canteras de Montrouge y Gentilly eran bien conocidas por las autoridades, tal y como se puso de manifiesto en el juicio a los contrabandistas de Montsouris. Cuando las autoridades empezaban a conocer el circuito de trabajo y a sus perpetradores, los sistemas de contrabando se fueron adaptando. Uno de los eventos más destacados tuvo lugar la noche del 11 de julio de 1789.
Los contrabandistas Monnier y Darbon reunieron a un pequeño grupo de colaboradores para prender fuego a uno de los punto aduaneros estratégicos en la entrada a París: la Barrière Blanche.
Al día siguiente, la chispa prendió la llama y puertas similares ardieron en distintas carreteras que conectaban con pueblos limítrofes. Y el 13 de julio (día previo a la toma de la Bastilla), las aduanas de los barrios de St-Martin y St-Antoine corrían la misma suerte. Y ya todos conocemos el desenlace del 14 de julio.
Con la excusa de la situación política y social del país, Monnier se convirtió en el héroe de “la Barrière Blanche”, pero la realidad es que previa a la destrucción de las barreras, este avispado traficante tenía una logística preparada para pasar su mercancía por la destruida aduana.
El impuesto fue derogado en 1791, pero retomado parcialmente en 1798 ya que esos ingresos eran vitales para mantener los servicios públicos y toda la estructura burocrática parisina. Por ello no es de extrañar el tejido de Guinguettes (“casas de campo” donde los parisinos se iban a emborrachar a bajo coste) que se desarrolló en la periferia de París. Algunos de estos barrios han creado un estilo de vida e identidad propia bajo esta premisa, como el paradigmático Montmartre.
Otros barrios aprovecharon su situación estratégica en la frontera de la muralla y a orillas del Sena, para desarrollar una prolífica relación comercial. Este es el caso de Bercy, cuyas bodegas y almacenes de comerciantes y criadores dieron lugar a uno de los mercados del vino más importantes del mundo. Los adoquines y las barandillas de la Cour Saint-Emilion y antiguas vías ferroviarias dan buena cuenta de tan glorioso pasado.

PRESENTACIÓN LIBRO “EXCELENCIAS DAS MARIÑAS”

Uno de los proyectos en el que llevamos años trabajando y que se empezó a materializar en el 2021, es la promoción de los productos agroalimentarios de la Reserva de Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo.
En la feria BioCultura que tiene lugar estos días en A Coruña, presentamos el libro digital que desarrollamos el año pasado. Durante casi una hora, explicamos el proceso de desarrollo del libro para otorgar medallas de excelencia a productos cuyas cualidades organolépticas han sido remarcables en los 25 paneles de cata a ciegas que implementamos el año pasado.
Estamos trabajando en la continuidad del proyecto para este año poder publicar una versión impresa más completa, con más catas y recetas de los alimentos “Excelencia” de nuestro entorno.
Aprendiendo del vino para otorgar valor añadido a otros productos del campo. Seguimos 💪💪.

GALICIAN WINES A CORUÑA 2022

Sin subvenciones, ni patrocinio, ni publicidad, otra forma de hacer las cosas.
+ 200 vinos de + 100 bodegas de las 5 DD.OO., de las 5 IGPs y algún Des-Amparado, todos ellos exclusivamente de Galicia y con medalla de Plata, Oro, Oro + y Grandes Oros. Incluida la ya consagrada Mesa del Sumiller, donde el tiempo pone a cada uno en su sitio, en ella todos los asistentes disfrutan de vinos eméritos que obtuvieron sus medallas hace años y que son la evidencia degustable de que los vinos de Galicia también son de guarda y longeva vida (vinos de Galicia desde 2005 hasta 2013 de todas las DOs).
De manera civilizada, durante 6 sesiones en las jornadas del sábado, domingo y lunes en el Aula Paadín de A Coruña, organizamos el primer Galician Wines 2022 en formato de túnel de vino para más de 200 asistentes, todos ellos mecenas de la Guía 2022 y sus acompañantes. Esto es posible gracias a los Mecenas, a las Bodegas (les pedimos disculpas por no haber podido incluir todas las marcas facilitadas, limitados por espacio-tiempo, sino hubiésemos pasado de las 400 referencias) y al esfuerzo de todo el “Paadín Team”.
Vendrán más Galician Wines y seguiremos “Facendo País”.

VISITANDO EL LOIRE: ANJOU Y SAUMUR

Cómo disfrutamos Loire. Anjou-Saumur es una zona por la que sentimos especial predilección. Todos sus vinos mantienen una gran tensión y frescura dentro de la increíble diversidad que suponen sus espumosos, blancos, rosados, tintos y dulces.
En este viaje quisimos afianzar y ampliar los escasos conocimientos que tenemos de la zona, visitando una de las cavas subterráneas más grandes donde históricamente envejecen los Crémant y espumosos locales, conociendo el viñedo del mítico vino Clos Rougeard Le Bourg (que incorpora cables calefactores antihelada en cada fila) y estudiando la geología local.
Pudimos apreciar cortes de tierra de la zona de Anjou, donde priman los suelos limosos, con algo de arcilla y arena, siguiendo un horizonte (a 20-80cm según la zona) de esquisto muy alterado con limo y arena, para llegar a la roca madre del tan buscado esquisto rojo, matriz de los suelos del territorio y que se entremezcla en ocasiones con esquistos marrón y gris. Nos centramos especialmente en la zona de Savennières y Coteaux du Layon (así como todas sus AOC aledañas)
En la zona de Saumur (donde sus espumosos y tintos brillan junto a algunos blancos de Chenin), el calcáreo domina con la roca “tuffeau”. Aquí el suelo (la primera capa con alto contenido orgánico) tiene la misma granulometría que en Anjou (limo, arcilla y arena) pero a partir de roca calcárea y no esquistosa. La profundidad varía notablemente, con el horizonte de alteración principalmente arcilloso, a veces poco definido. Finalmente la roca madre de tuffeau domina el suelo, siendo más gris y fragmentada la de Saumur y más amarilla la de Touraine, mientras la tuffeau blanco es el ideal para la construcción.
COULÉE DE SERRANT Y NICOLAS JOLY
Hace unos años ya habíamos visitado el viñedo de Coulée de Serrant, pero no habíamos podido cuadrar las agendas con Nicolas Joly. En este viaje al Loire occidental, nos hemos quitado la espina que teníamos clavada y con creces. Durante una mañana estuvimos aprendiendo de uno de los mayores referentes del mundo en biodinámica y con mayor experiencia a su espalda: Nicolas Joly.
Junto a su hija Virginie, recorrimos sus viñedos y hablamos de sus orígenes, del camino de aprendizaje para conseguir equilibrio en el campo y la solvencia de la bodega, de los nuevos retos y proyectos en marcha.
Afianzamos muchas de las ideas que ya teníamos sobre su filosofía y las prácticas biodinámicas y aprendimos mucho sobre su forma de interpretar el viñedo y el trabajo en bodega. Su energía e ilusión son contagiosas y sus ganas de compartir y aprender prodigiosas. Una visita ineludible para los amantes del vino.
Clima, suelo, uva y cultura definen una vez más vinos únicos.